EL CUERNO, UNA CARACTERÍSTICA FASCINANTE

En este artículo, nos disponemos a introduciros en una de las características más peculiares, bonitas y fascinantes de algunas de nuestras especies más emblemáticas, “el cuerno” y toda esa información que nos ofrece sobre el desarrollo y vida anual de todos y cada uno de los ejemplares.

A modo recordatorio, queremos en primer lugar, destacar que las cuernas se tratan de apófisis óseas del hueso frontal las cuales año tras año se caen en un periodo primaveral denominado desmogue para volver a regenerarse y crecer en un determinado periodo de tiempo.

Por otro lado, hay que destacar que los cuernos son protuberancias de origen epidérmico y que además permanecen creciendo durante toda la vida del animal siendo más o menos evidentes unas hendiduras, llamadas anillos de crecimiento los cuales dividen el cuerno en los denominados medrones.

En nuestra opinión, se trata de una de las características más fascinantes de las especies, estas protuberancias, han dado como resultado gran cantidad de estudios y saberes tradicionales ya que estos llegan a ofrecernos una inmensidad de información tanto de forma científica como a nivel particular para saber de todo buen cazador de montaña.

(Foto cedida por hunters)

La caza de ciertos ungulados emblemáticos de nuestras montañas como el macho montés, rebeco o sarrio, tiene implicaciones ecológicas y evolutivas.  A pesar de esto, no está del todo claro cómo las condiciones ambientales en el hábitat, disponibilidad de alimento, inclemencias climáticas y demás valores, influyen sobre todos aquellos rasgos (fenotipos) particulares y genéticamente heredados de cualquier organismo que los hacen únicos e irrepetibles en su clase y los cambios de aumento o disminución en el crecimiento anual de sus cuernos.

Además de centrarnos únicamente en los cuernos, todos estos cambios anuales, también influyen y debemos de referirnos principalmente a elementos físicos y morfológicos tales como el color del pelaje, el tipo de piel, el color de ojos, etc., pero además de los rasgos que hacen al desarrollo físico también incluye a aquellos asociados al comportamiento y a determinadas actitudes, las cuales también pueden verse alteradas.

Por esto mismo, comprobado está, como por ejemplo en los sarrios, que cada medrón corresponde a un año de vida y así mismo podemos apreciar en sus crecimientos, cuando han gozado de un año bueno o por el contrario cuando “las han pasado canutas”. Los crecimientos pequeños y como todo usual cazador de montaña conoce, suelen corresponder a años de grandes inclemencias meteorológicas y dificultades sumado a la falta de alimento, malas condiciones de vida e incluso a los que usualmente están ocurriendo con más frecuencia, periodos temporales en los que se suceden fatales enfermedades. Por otro lado, los grandes crecimientos nos informan de todo lo contrario, años de bonanza en la mayoría de los aspectos comentados.

Así mismo estos, pueden recuperarse de un crecimiento deficitario de los medrones en consecuencia de un año de escasos recursos alimenticios y que, a efectos a largo plazo el animal puede incrementar sus crecimientos y llegar a estabilizar su trofeo. No obstante, los animales no son capaces de compensar unos primeros años nefastos en los que el desarrollo debería de ser muy superior a los posteriores ya que son en estos primeros años de vida cuando la vitalidad y el crecimiento es más notable.

Generalmente, la variabilidad en longitud depende de las características genéticas del individuo y otro factor clave (el cuál queremos destacar), es el hábitat ya que influye en gran medida en el ritmo de crecimiento. Por ejemplo, el aumento de los bosques en cotas más altas ha reducido notablemente la disponibilidad de prados, pastizales y brezales en los pisos subalpinos, teniendo esto un efecto notablemente negativo debido a una disminución de la calidad nutricional de los recursos. Es por ello por lo que una correcta gestión del hábitat a tales altitudes va a suponer una mejora notable tanto en la estabilidad de las poblaciones como en la mejora en calidad y cantidad de los futuros animales.

Como hemos comentado anteriormente, podemos estimar edad a ciencia cierta a través de los dientes, otra forma común de estimar la edad es mediante los cuernos, se trata de uno de los métodos más prácticos y rápidos de evaluar y conocer o estimar la edad de un animal, por ejemplo, se trata de algo sencillo, pero únicamente podremos evaluarlo (en el caso del rebeco), una vez abatido debido a su pequeño tamaño, lo cual a gran distancia sería básicamente imposible.

Cabe destacar que a la hora de contar los primeros medrones, estos resultan complicados de visualizar, en general la marca del primer medrón queda prácticamente invisible debido al desgaste constante. Posteriormente podremos empezar a contar los años ya que la primera marca notable, corresponde al segundo año/invierno de vida y estudios han deducido que generalmente se encuentra a unos 9/12 cm de la punta del cuerno. Las siguientes hendiduras serán las claves para identificar el resto de los años, apreciándose generalmente un ligero cambio en la rugosidad del cuerno, así como de un pequeño engrosamiento entre un año y otro

Generalmente, en la primavera y a partir de los meses marzo/ abril, desarrollan un crecimiento mayor y más veloz, mientras que en los meses invernales se produce una reducción muy notable en los crecimientos. Aquí destacamos que podemos excluir a animales con una edad igual o inferior a 2 años en los que se mantiene un crecimiento notable también durante los meses de invierno.

Resulta increíble toda la información que pequeños detalles nos ofrecen ¿Verdad?

Alejandro López