EL FUTURO DEL ARRUÍ

El arruí (Ammotragus lervia) es un mamífero caprino de origen norteafricano introducido con fines cinegéticos en España en la pasada década de los 70. Se introdujo en primer lugar en la Sierra de Espuña, Murcia, a partir de ahí se fue extendiendo hacia Alicante, Almería, Granada, Jaén y posteriormente en la Caldera de Taburiente (La Palma, Islas Canarias). Por aquel entonces, ni los fundamentos de la biología de la conservación, ni los conocimientos sobre los efectos que podían causar las especies exóticas estaban asentados y, de algún modo, no se pensó en los potenciales efectos dañinos que podía causar el arruí. En cualquier caso, el trabajo resalta que las circunstancias de ambas sierras son bien distintas.

Es sabido que las especies exóticas suelen ser mucho más dañinas en las islas, y el caso del arruí en La Palma no es una excepción.  La presencia de herbívoros exóticos en ecosistemas como éste, donde la flora de origen macaronésico no está preparada ni adaptada a su presencia, puede dar lugar a la extinción de algunas especies de plantas autóctonas. No obstante, en La Palma el arruí no está solo, sino que le acompaña el conejo y otras especies introducidas que pueden estar causando daños, incluso mayores.

La Ley establece que el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (Mapama) y las distintas comunidades autónomas tienen que elaborar estrategias que permitan la gestión, control o posible erradicación de las especies del catálogo por sus repercusiones negativas sobre el medio natural, entre las que se encuentra el arruí. Argumentando su discurso en la Ley, y en clara oposición a la gestión cinegética, los ecologistas y activistas medioambientales querían erradicar la especie del territorio peninsular. Tanto en la Región de Murcia, donde existe la población más numerosa, como en otras zonas del país, el propósito era la eliminación inmediata de todos los arruís.

La reforma de la Ley 42/2007 que se planteaba y que finalmente ha sido aprobada, sin embargo, permite realizar un aprovechamiento cinegético del arruí así como aprovechar otras especies piscícolas exóticas y lo libra de la estrategia de erradicación.

Pese a esto se continuaba poniendo impedimentos y es que esta especie solo se podría cazar dentro de las áreas de distribución establecidas antes de la fecha de entrada en vigor de la Ley, es decir el 15 de diciembre de 2007. Fuera de estas zonas, el arruí no se puede cazar y serían las administraciones competentes las que realicen los trabajos de control y posible erradicación mediante metodologías apropiadas.

La delimitación del territorio en el que se podrá cazar el arruí se basará en información recogida por cada comunidad autónoma o, si no la hubiera, se basará en la en la que figura en el Inventario Español del Patrimonio Natural y la Biodiversidad.

El Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras incluye todas aquellas especies y subespecies exóticas invasoras que sean o puedan ser una amenaza grave para las especies autóctonas, los hábitats o los ecosistemas, o para los recursos económicos asociados al uso del patrimonio natural. El Catálogo establece que el arruí se distribuye fundamentalmente por el cuadrante suroriental, a partir de los focos de expansión de Sierra Espuña y Alicante. Además hay poblaciones aisladas fruto de repoblaciones con fines de aprovechamiento cinegético. En La Palma se distribuye por el norte de la isla.

No obstante, recientemente y en base a un trabajo de investigación periodística avalado por el testimonio de científicos de reconocido prestigio, la Fundación Artemisan denunció que la decisión que el Supremo no tuvo en cuenta los estudios que avalaban la importancia ecológica del arruí para los lugares en los que se encontraba la especie.

Estos científicos alertaban de que, en ausencia de ganado, el arruí actuaba como un “ingeniero de nuestros montes”, preservando hábitats de alto valor ecológico. Además, su papel es primordial en la prevención de incendios forestales.

A su vez, los científicos destacaban el papel que los arruís ibéricos podrían jugar para la conservación de la especie a nivel mundial, dado que en sus zonas de origen en el norte de África, las poblaciones están en clara regresión y en peligro real de desaparición. Esto supone un contrasentido desde el punto de vista de la conservación de la biodiversidad.

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