¿QUÉ PROPORCIÓN DE MACHOS Y HEMBRAS DEBE DE TENER NUESTRO COTO DE CORZOS?

No hace falta poner en duda que todo corzo maduro representa un atractivo reto para cualquier cazador…. pero llegar hasta este punto resulta toda una aventura de gestión.

Estamos finalizando esas semanas de regulación en nuestros cotos y este consejo puede resultar clave para realizar una gestión perfecta.

Por y para esto, deseamos dar a conocer la variable más importante a mi parecer para conseguir nuestros objetivos, es decir las ratios sexuales ideales o adecuados a resultar como si de una gestión natural se tratara.

¿Qué proporción debe de ser la adecuada en nuestro coto?

Cabe destacar que una proporción adecuada de machos y hembras en nuestros cotos, es básico, fundamental y prioritario.

Así mismo otra variable destacable en conjunto con la anterior y no menos importante es el carácter cuantitativo de nuestro coto, es decir el número total de ejemplares que encontramos en el mismo, resulta complejo ya que depende de numerosas variables para cada caso y tiene una variación natural en el tiempo y puede depender de variables como por ejemplo tamaño del coto, hábitat idóneo, recursos valiosos, inclemencias meteorológicas, factores ecológicos, usos del suelo o áreas de distribución potenciales (Pudiendo definir esta como aquella fracción del espacio de dicho territorio donde una especie está presente e interactúa con el ecosistema) entre otros.

Con total seguridad, a todo cazador amante del duende en territorio peninsular, diría que, en cualquier coto, la densidad de hembras es muy superior a lo largo de todo el año respecto a la de machos y por ello lo sobresaliente sería abatir gran cantidad de hembras. No obstante, podemos mencionar esto como un usual mito, las hembras son las que paren y por tanto las más gregarias (Que vive en comunidad). Como todos sabemos los machos siempre son los menos visibles, más esquivos y solitarios, de ahí su místico nombre, lo cual conlleva un trabajo más intenso para su localización y cuantificación.

                  

Indudablemente, en ciertos puntos de nuestra geografía, el desequilibrio poblacional es visible, en dichos puntos, la gestión debe de ser más intensa ya que el verdadero problema en muchas ocasiones es la alta concentración de animales en puntos muy concretos de la geografía y por tanto soportando dicho hábitat un número de ejemplares superior al que es capaz de admitir, denominando esto como capacidad de carga en algunos casos saturada o incluso sobresaturada.

Dicho esto, merece una justificación más científica.

Por desgracia, inusuales son los estudios llevados a cabo de esta bonita especie en nuestro territorio, no obstante, si que existen documentos vecinos europeos los cuales tienen discordancias ente sí, por un lado, ciertos investigadores mencionan predominancias de ratios masculinos superiores y en casos opuestos la conclusión es que el femenino predomina en la especie.

Estudios reales in situ, en campo, lo cual, por mi parte, tomo como aquellos más relevantes y fiables al resultar realmente justificables, han demostrado que usualmente no predomina ningún sexo sobre otro y ofrecen resultados de diferencias en estudios poblacionales de áreas anualmente sometidas a un seguimiento entre ejemplares de sexos opuestos de como máximo 6 individuos.(Machos vs hembras).

Como broche final, ciertos investigadores tanto a nivel europeo como a nivel peninsular, han fijado definitivamente como ratio usual de sexo idóneo en las poblaciones de este pequeño ungulado en nuestros hábitats de 1/1, es decir del 50% hembras y 50% machos, ya que en ciertas ocasiones y tomando a estudio todas las variables nombradas anteriormente en diferentes momentos y lugares, existe una predominancia mínima variable de un sexo sobre el otro. 

Para finalizar esta pequeña entrada, podemos concluir y resaltar la evidencia de que es necesario mantener ese equilibrio natural, un equilibrio igualitario no solo cualitativamente sino cuantitativamente tanto de machos como de hembras...

No optar siempre por perseguir esa ansiosa búsqueda de grandes trofeos, es merecedor de sentirse como cazador ético. Todo cazador debe considerar como trofeo, cualquier ejemplar buenamente cazado y aprovechado en pro de una correcta gestión y de un coto con un futuro poblacional en equilibrio asegurado.

Cazar un corzo de menor voluminosidad, defectuoso, sin futuro, un juvenil o una hembra y aprovechar su excelente carne debe de llenarnos y gratificar nuestra mente al igual que el mejor de los trofeos, que, sin tardanza, también tienen su momento.

 

"La excelencia de un rececho, no siempre para calificarlo como perfecto debe de basarse en el animal cosechado, un rececho siempre es perfecto"

 

Recuerda siempre… “La gestión de hoy, los corzos del futuro.” Disfruta cada momento...

 

Alejandro López