ORIGEN E HISTORIA DE LA ORDENACIÓN CINEGÉTICA

Como con todo, todo tiene sus orígenes y en este caso la buena y correcta ordenación cinegética actual se la debemos a los Ingeniero de Montes a los que el equipo Hunty agradece su labor diaria.

Hoy conocemos nuestro verdadero origen de la caza en cuanto a legislación y ordenación. Un artículo más que curioso… Comenzamos…

La Ciencia Forestal de la que es parte integrante la caza, nace como tal en el siglo XVII en Alemania para evitar la deforestación de sus montes por las necesidades de madera, leña y carbón vegetal para la industria minera y la economía en general, en situación muy similar a la de España en aquella época.

En España, sus inicios se remontan a los años de La Ilustración, en pleno reinado de Carlos III (1716 – 1788), que impulsó la investigación científica, reformó la docencia y favoreció la difusión del conocimiento. Fue uno de los máximos exponentes de esta corriente ideológica, y sus reformas estuvieron dirigidas hacia el reparto de tierras comunales, la división de los latifundios, los recortes en los privilegios de La Mesta, la protección de la industria privada y otras medidas como la publicación de la Ordenanza General de 1772, que reguló todo lo que anteriormente se había dispuesto en materia de caza.

Más tarde, el Rey Carlos IV (1788 – 1808), creyó poner eficaz remedio a los abusos que se llevaban a cabo en esta materia dictando, por Real Cédula de 3 de febrero de 1804, una Ordenanza general de caza y pesca que estuvo vigente hasta la publicación del Real Decreto de 3 de mayo de 1834. Finalmente este fue reemplazado a su vez por la Ley de Caza de 10 de enero de 1879 la cual significó una importante reforma en el sentido de la aparición de un verdadero derecho de caza.

Por todo esto, desde el punto de vista jurídico, la Ciencia Forestal comienza en España en 1833, con la publicación de las Ordenanzas Generales de Montes y la primera Ley de Caza de 1879.

Las transformaciones derivadas de la Revolución burguesa durante el primer tercio del siglo XIX, propiciaron un renovado interés por los asuntos forestales. La búsqueda de nuevos modelos económicos al objeto de optimizar los recursos productivos en materia agrícola, acabarían provocando en España un proceso desamortizador en el que los profesionales y las ciencias agronómicas y forestales podrían ser de gran utilidad en una nueva redistribución de la tierra.

En el siglo XIX nacen las primeras ingenierías civiles, ingenierías que comienzan a diferenciarse de las ingenierías militares para pasar a ser impartidas en las Universidades españolas y conformar la base técnica de los planes de estudio que tenemos actualmente. Su función principal era la de dar soluciones tecnológicas a las necesidades sociales, industriales, económicas y ambientales de la época.

La caza y la ordenación llegan también a la Universidad a través de la primera Escuela Especial de Ingenieros de Montes, inaugurada el 2 de enero de 1848 en el Castillo de Villaviciosa de Odón (Madrid) y fundada por Bernardo de La Torre (1792 – 1875) y Agustín Pascual (1818 – 1884).

Las enseñanzas impartidas en esta escuela se distribuían en cuatro años de la siguiente forma: el primero se dedicaba a las matemáticas aplicadas a la ciencia forestal, así como al dibujo; el segundo, a la topografía y ordenación; el tercero, a las ciencias naturales, y el último, a las asignaturas propiamente forestales.

En enero de ese mismo año inician sus estudios los 29 alumnos de la primera promoción de ingenieros de montes. En esa época, son organizados los montes de la Condesa de Chinchón, donde una parte sustancial de su aprovechamiento era dedicado a la caza. De alguna forma podemos afirmar que los primeros ejemplos de Ordenación se aplican de forma experimental en estos montes, naciendo así la Ordenación Cinegética en España como disciplina integrada en la Ordenación de Montes.

A finales de 1851 se nombraron los primeros Ingenieros de Montes españoles en la conocida popularmente como Consagración de los obispos y el 18 de octubre de 1853 se crea el Cuerpo de Ingenieros de Montes.  Así lo describe literalmente S.M. la Reina Isabel II, gran aficionada a la caza, consciente de la necesidad imperiosa de gestionar y preservar nuestro patrimonio forestal y cinegético en aquella época:

“Su Majestad, conocedora de los útiles servicios que los futuros ingenieros de montes han de prestar en su día en el aprovechamiento, conservación y mejora de los montes, objeto exclusivo de la creación de la escuela, y deseando premiar, por otra parte, la aplicación y el esfuerzo de los alumnos que cursan esta carrera se ha desvivido por declarar su designio de organizar un cuerpo facultativo para el servicio de los montes públicos”.

En 1896 se publica el Reglamento de Plan de Estudios y Programas de la Escuela Especial de Ingenieros de Montes, que comprendía un conjunto de materias a impartir durante los cinco años que duraría la carrera universitaria. En cuanto a lo que a la caza se refiere, dos serían las asignaturas principales relacionadas con esta materia: aprovechamientos forestales y Ordenación de Montes.

Esta tendencia intervencionista de la Ley de Caza de 1879 se refuerza en la Ley de Caza de 16 de mayo de 1902. En este caso los legisladores se enfrentaron con los difíciles problemas que ya entonces planteaba la armonización del aprovechamiento y la conservación de la caza, con el respeto debido a los derechos inherentes a la propiedad de la tierra, a la seguridad de las personas y a la adecuada protección de sus bienes y cultivos. Con esta Ley se toma conciencia de la importancia económica y conservacionista de la actividad cinegética. Se esfuerza, por tanto, en regular y mantener su riqueza persiguiendo a la vez el dotar de nuevos contenidos a los terrenos rústicos no susceptibles de aprovechamiento agrícola.

Posteriormente se establece la Ley de Caza de 1970 se enmarca con el auge y el desarrollo de las comunicaciones en España, que supuso no sólo el incesante aumento del número de cazadores sino, incluso, el que lugares que antes se consideraban muy alejados se hicieran entonces asequibles para cualquier aficionado a la caza. También el incremento experimentado por el turismo, así como la industrialización y comercio de la industria cinegética motivaron un cambio y una radical transformación en la normativa.

En cuanto a la caza, se trata de una competencia exclusiva de las Comunidades Autónomas (artículo 148.1.11º). Por eso, hoy todas las Comunidades Autónomas han asumido en sus respectivos Estatutos de Autonomía esta competencia en exclusiva y, por lo tanto, les corresponde a ellas el desarrollo legislativo para configurar un marco normativo regulador de la actividad cinegética dentro de sus territorios.

No obstante, la caza también está relacionada con otras materias respecto de las cuales el Estado tiene atribuidas competencias exclusivas por la propia Constitución Española. Esta armonización de competencias entre Estado y Comunidades Autónomas ha supuesto uno de los principales problemas que el Tribunal Constitucional ha tenido que abordar en múltiples ocasiones.

Entre los años 1979 y 1983 se aprueban los Estatutos de Autonomía de las 17 Comunidades Autónomas, produciéndose así la descentralización de las competencias del Estado en materia de caza, que a partir del año 1984 quedarían en manos de las propias autonomías.

Cinco años más tarde es aprobada la Ley 4/1989, de 27 de marzo, de Conservación de los Espacios Naturales y de la Flora y Fauna Silvestres. Con ella y de forma histórica aparecen regulados en una única norma y por primera vez, tanto el régimen de los espacios naturales como de la fauna y flora silvestres y se impone la obligatoriedad de los Planes Técnicos en España.

Hoy todas las Comunidades Autónomas han trasladado estas exigencias a sus respectivas Leyes de Caza, dando forma a lo que hoy conocemos como Ordenación Cinegética en todos sus ámbitos.

Los conceptos técnicos que hoy se utilizan en materia de Ordenación Cinegética (Ordenación, Plan Técnico, Revisión, Planes anuales y Memorias, etc), son los mismos heredados de los generales de la Ciencia Forestal desde su creación en el siglo XIX.

Por orden y hasta la elaboración de las diferentes normativas por las propias Comunidades Autónomas, destacaríamos las siguientes normas jurídicas:

- La Ley 1/1970, de 4 de abril, de Caza.

- La Orden Ministerial de 29 de diciembre de 1970 por la que se aprueban las Instrucciones Generales para la Ordenación de Montes Arbolados.

- La Orden Ministerial de 29 de junio de 1971 por la que se aprueban las Normas Generales para el estudio y redacción de Planes Técnicos de Montes Arbolados.

- La Ley 4/1989, de 27 de marzo, de Conservación de los Espacios Naturales y de la Flora y Fauna Silvestres.

- Más tarde, se aprueba la vigente Ley 43/2003, de 21 de noviembre, de Montes (modificada por Ley 10/2006 y Ley 21/2015), dictada en virtud del artículo 149.1.8.ª, 14.ª, 15.ª, 18.ª y 23.ª de la Constitución, que reserva al Estado la competencia exclusiva en materia de legislación civil, hacienda general, fomento y coordinación de la investigación, bases del régimen jurídico de las Administraciones públicas y legislación básica sobre protección del medio ambiente y montes y aprovechamientos forestales, respectivamente.

Esta Ley reconoce la caza como un aprovechamiento forestal siguiendo la concepción tradicional que hasta la fecha había tenido.

 

Con este bonito artículo desarrollado por nuestro amigo, colaborador y miembro de Hunty, Alejandro López (Graduado en Ingeniería forestal y del medio natural y en proceso de obtener también el título de Ingeniero de Montes) agradecemos toda su breve pero perfecta explicación desarrollada para dar a conocer nuestro verdadero origen de la caza en cuanto a legislación y ordenación. Un artículo más que curioso…

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