POR FIN HA LLEGADO…  ¡ABRIL, CORZOS MIL!

Nuestro querido corzo... verdadero protagonista en estas fechas. Los recechos de esta especie cinegética para muchos cazadores son los más emocionantes por su dificultad e intensidad. Y probablemente abril es el mejor mes para hacerlos, ya que en estas semanas es cuando los machos dominantes están finalizando el marcado de los territorios. Para ello suelen elegir los bordes de caminos, siembras o arroyos y suelen permanecer estables durante años. Con lo que, es bastante habitual que podamos encontrar a los corzos cada año por los mismos sitios.

Esta modalidad, considerada por muchos como la modalidad cinegética más deportiva que existe: el cazador parte tras la pieza, sin ningún rumbo fijo, sin horario, caminando por terrenos complicados en ocasiones y tratando de alcanzar un objetivo que podemos calificar de muy complicado de conseguir. Nos obligará a contar con una buena condición física, un excelente conocimiento del terreno y un equipo adecuado para alcanzar nuestros objetivos. A continuación le damos algunas claves para realizar un rececho con éxito.

La planificación previa

Recechar correctamente nos exigirá tener un buen conocimiento del terreno y de las costumbres de la caza, zonas de paso, horarios, etc. Además precisaremos de una correcta capacidad de observación, una buena dosis de paciencia y, por supuesto, un magnífico manejo del arma, ya que en la mayoría de los casos, los tiros se realizarán desde distancias realmente largas y en unas condiciones que no siempre serán las más adecuadas.

Lo primero que hay que saber es que los corzos son animales territoriales desde que descorrean a mediados de marzo y hasta después del celo (entre julio y agosto). Eso hace que cada macho se circunscriba a un territorio concreto, que no abandona si no es obligado. Conocer ese territorio nos va a permitir saber dónde encontrar a cada macho.

Para ello empezaremos dibujando en un mapa su posible territorio, fijándonos en las marcas que efectúan en sus áreas de campeo. Normalmente no serán más de cien hectáreas, así que podemos señalar en nuestro mapa un círculo que tenga como centro la localización habitual o el lugar dónde lo hemos visto y cuyo radio sea de 400 o 500 metros.

Sobre esta base buscaremos los accidentes del terreno que puedan ser una barrera, tales como ríos o arroyos, crestas de lomas o caminos. Los corzos tienden a usar estos límites existentes para fijar sus fronteras.

Una vez estimados los posibles límites debemos en cierta medida pensar como un corzo para intuir dónde encama y dónde se refugia cuando no lo vemos en las partes despejadas, anotaremos los vientos dominantes y si existe algún accidente orográfico que pueda ser relevante.

También es importante anotar o conocer los patrones de movimiento del corzo que habremos obtenido de nuestra observación o de la información suministrada por fuentes locales: por dónde sale del monte, por dónde regresa, a qué horas etc…

Es de costumbres rutinarias, por lo que podremos verle recorrer los mismos caminos y acudir a los mismos abrevaderos y comederos todos los días a las mismas horas.

Por último debemos fijarnos en ciertos factores ambientales que pueden favorecer o echar al traste nuestra jornada de caza. Por ejemplo el viento, con vientos de más de 20 km/ hora se hace molesto cazar y con previsiones de más de 30 km/hora es mejor dejar el rececho para otro día.

Las condiciones ideales serían vientos de hasta 10 km/h y siempre planificando el recorrido a seguir para no ir “contra el aire”.

Por otra parte otro factor a tener en cuenta es la luna y sus fases, pese a no tener la misma importancia que para los esperistas es otro factor que debemos considerar pues en las fases de luna llena, sobre todo en los cotos con más presión cinegética, tendremos menos movimiento durante el día pues los corzos aprovecharán la abundante luz nocturna de esos días para moverse.

Equipo necesario

Para la caza a rececho del corzo no necesitamos tener a punto nuestro rifle, utilizando un calibre adecuado para nuestro objetivo. Pero también un equipamiento mínimo. Es imprescindible llevar con nosotros unos buenos prismáticos para poder localizar al animal sin ser vistos. Además deberemos llevar el conjunto rifle-visor a punto y una buena vara que nos servirá de apoyo. Por supuesto, todo aquello que queramos llevar puede ser útil, pero no esencial. A continuación resumimos las características más importantes a tener en cuenta de este equipo:

Ropa y calzado

Para la caza del corzo a rececho en lo relativo a la vestimenta, debe utilizarse ropa cómoda y adecuada a la época del año en la que nos encontramos. La teoría de ir siempre abrigado nunca falla, ya que para dejar capas atrás siempre hay tiempo. Las prendas deberán ser ligeras y poco llamativas, cuánto más ligeras, cómodas y transpirables sean, mejor.

Pero sobre todo deben ser “sordas”, es decir, que con el roce al andar o moverse por el monte hagan poco o ningún ruido. Es recomendable usar tejidos silenciosos, discriminando los sintéticos por los utilizados toda la vida, como la pana o el algodón…

Por ello, y como las prendas impermeables son excesivamente ruidosas, un simple chubasquero de bolsillo en la mochila servirá para prevenirnos del típico chaparrón primaveral.

El calzado, al igual que la ropa, cuánto menos pese mejor. Como para cualquier otra modalidad cinegética en la que se requiera andar, se escogerán botas cómodas y bien adaptadas al pie.


Es fundamental que transpire, pero a la vez que sea impermeable, esto se consigue con el uso de membranas tipo Gore-tex. Debe tenerse en cuenta que, hasta bien mediado mayo a pesar de que no haya llovido, en muchas zonas del norte de España los prados y pastizales aparecen por la mañana cubiertos de rocío.

Las botas tienen que estar hechas a nuestro pie, las estrenaremos antes del rececho para evitar posibles rozaduras que hagan de la jornada de caza una tortura.

Aunque cada cazador tiene sus gustos y necesidades particulares, cuando vaya a adquirir unas botas deberá tener en cuenta los siguientes consejos:

Impermeabilidad: imprescindible para la salud de nuestros pies.

Transpiración: es tan importante que el agua no entre dentro como que el sudor salga fuera. Al final lo que debemos intentar es que nuestros pies no estén nunca mojados.

Resistencia.

Seguridad: una suela que se “agarre” bien a todo tipo de terreno.

Adaptabilidad: eso de que “se adaptan como un guante” es más importante de lo que en principio puede parecer. Las botas deben quedar correctamente ajustadas a nuestro pie para evitar las más que posibles torceduras de tobillo.

A nivel general podemos decir que las botas realizadas en tejidos del tipo Gore-tex son las más recomendables para cualquier jornada de caza y, como no, para los recechos.

Respecto al equipo, no pueden faltar en nuestra mochila, una navaja de buen corte, loción o spray antimosquitos, una pequeña linterna de bolsillo, un rollo de cuerda, un paquete de pañuelos de papel, medias de lana de repuesto, la cámara de fotos y, por razones de seguridad, el teléfono móvil; A parte, por supuesto, de toda la documentación de caza necesaria (guía del arma, licencia de caza, permiso de armas, seguro obligatorio, precinto y autorización del titular del coto…)

Óptica

Como hemos señalado, durante un rececho lo más habitual es que tengamos que tirar desde distancias muy largas, contar con unos buenos elementos ópticos resulta, por tanto, fundamental.

Lo primero a valorar en nuestra mira (tras la calidad de la óptica, la cual la presuponemos siempre), es su peso, así como el de las anillas y las bases dela mira.

A nivel general diremos que las miras de aumentos fijos de 4 x 40 son, por su peso y su bajo poder dióptrico, las más adecuadas. En caso de que tengamos que realizar disparos a grandes distancias, deberemos optar por una mira de 3 a 9 x 45 (aunque debemos tener muy presente que una mira de aumento variables peso considerablemente más que una fija).

Respecto a los prismáticos, queremos insistir en su vital importancia, por lo que no se debe escatimar, dentro de nuestro presupuesto, a la hora de su adquisición. Binoculares de primeras marcas, ligeros y revestidos de goma, con elevado índice crepuscular, y entre 8 y 10 aumentos serán la elección adecuada.

Si nos decantamos por usar catalejo, a pesar de ser un elemento caro y proporcionalmente pesado, puede decirse que resulta muy útil para juzgar a distancia y con gran precisión a un ejemplar, ahorrándonos en muchas ocasiones esfuerzos o aproximaciones inútiles.

El rifle

Las armas ideales son los rifles de cerrojo o los “monotiro”, como en cualquier otro rececho, debe ser lo más ligero posible, de manera que al cabo de un par de horas no suponga una excesiva carga para el cazador. Deben estar dotados en todo caso de un visor de alta calidad, con buena luminosidad e índice crepuscular (pues en bastantes ocasiones habrá que disparar en malas condiciones de luz) y, preferiblemente aumentos variables. La mayoría de los disparos los realizaremos con poca luz, y es precisamente en estas condiciones adversas en donde encontraremos la diferencia entre una buena óptica y una regular.

Munición

Punto importante para tratar es la munición más adecuada para la caza de esta especie; una de las cuestiones más importantes que se le plantean a cualquier cazador. Sin lugar a duda en el mercado encontraremos multitud de diferentes ofertas ¿cómo saber cuál es la más adecuada en este caso?

Las armas deberán ser proporcionadas en su calibre, al tamaño y vitalidad del corzo, debiendo desecharse calibres excesivos.

En primer lugar debemos saber que los cartuchos pequeños permiten la construcción de armas ligeras y manejables (lo cual siempre es de agradecer). Además, como es bien sabido, el retroceso se incrementa al aumentar el peso del proyectil; por lo que los pequeños calibres siempre nos reportarán la ventaja de no producir apenas retroceso. Debe saber que está demostrado que, con cartuchos que provocan poco retroceso, se puede disparar de manera más constante y precisa. Además, la precisión de los calibres pequeños es muy elevada.

Otra innegable ventaja la encontramos en la favorable balística externa. Lo que, unido a las velocidades de salida del proyectil y a la velocidad de giro de este, consigue una trayectoria muy tensa, lo que nos ofrece la posibilidad de alcanzar grandes distancias sin necesidad de efectuar cálculos de trayectoria, cuando se dispara más allá de 100 metros.

Buscamos calibres de buena rasante y adecuada energía (entre 2000 y 3000 julios a 100 m) como el 22/250R, el 243 Win., el 6,5×57, el 270 Win. Y ya rozando el límite de lo adecuado el 7×64 o el 30-06 con sus pesos de bala más ligeros en el último caso.

Si bien es cierto que el corzo (contra la creencia general) no es en absoluto blando, el abate mejor con calibres medianos o pequeños. Es verdad que los calibres pequeños resultan más sensibles a la influencia del viento, sin embargo la distancia de tiro en el caso del rececho al corzo no suele ser excesiva. (entre 50 y 150 metros habitualmente) por lo que la influencia del viento no resulta tan relevante como en las cacerías de alta montaña.

A cambio de este inconveniente, el disparo con calibres ajustados tiene como consecuencias una mayor precisión de tiro y mejores agrupaciones en la inmensa mayoría de los cazadores, mejorando así su categoría como tiradores.

Mejores horas

El corzo destaca por sus hábitos nocturnos, puesto que es únicamente con la oscuridad cuando el corzo sale a los pastos para alimentarse; pasando el día encamado o rumiando todo el alimento obtenido durante la noche. Presenta mayor movilidad al amanecer y al crepúsculo por tanto en estas horas será más fácil su localización.

Por lo tanto, en las madrugadas antes de que despunte el alba sería necesario estar en el campo, pero cuidado, no es conveniente que comencemos el rececho si todavía no se ve adecuadamente, pues es más que probable que pasemos de largo a ese corzo que con tanta insistencia venimos buscando.

Una hora antes de la salida del sol, puede ser un tiempo prudente para estar en el campo, media hora antes de la salida oficial del sol ya seremos capaces de ver más o menos bien a unos cien metros por lo que ya podríamos disparar sin problemas.

En los atardeceres debemos tener paciencia y aguantar en el sitio que pensemos que el animal tiene su querencia hasta que ya no haya luz, pues los machos, y más aún los grandes, salen de la espesura cuando hay muy poca luz. Es su manera de defenderse de su principal depredador, el hombre.

De todas formas no pensemos que sólo seremos capaces de localizar un corzo a primerísima hora de la mañana o a última de la tarde. Son muchas las veces que se localizan comiendo tranquilamente en un sembrado a las diez de la mañana. Dependerá en gran medida de la presión a la que estén sometidos en la zona en la que cazamos.

Como norma general, diremos que se suele dar por terminado el rececho a eso de las diez y media de la mañana, comenzando nuevamente por la tarde a eso de las siete. Ir acompañado de un profesional nunca viene mal, pero en esta modalidad de caza, es crucial para un desarrollo exitoso el conocimiento del terreno, y de la querencia de los animales definirá el resultado final, y a falta de conocimientos al respecto, nada mejor que un buen auxiliar, como son los guardas de caza.

El lance

Debemos decidir si nos conformamos con cualquier macho o vamos a ir únicamente tras grandes trofeos. Evidentemente no todos los cotos contienen este tipo de corzos y por ello debemos saber valorar qué podemos esperar de nuestra zona de caza.

Las cuernas de los corzos se desarrollan en gran medida en función de la alimentación y tipo de hábitat en el que viven, estando influenciado por factores como la densidad de corzos y otros animales. Lógicamente si la competencia por el alimento es alta, no podremos esperar milagros. En esos casos, un buen seis puntas es todo lo más que podemos esperar y no tiene sentido perder días y días tras una estrella que seguramente no exista.

Para saber si un trofeo es bueno a primera vista, hay que mirar el bulto entre las orejas. Largos son todos los trofeos y lo que sale de las orejas por encima es ya una indicación de cuan bueno es un trofeo, pero de verdad donde gana puntos un buen corzo es en el grosor y perlado del primer tercio de la cuerna: lo que está entre oreja y oreja. Si vemos que esa zona es masiva y con buen perlado, el corzo tendrá puntos y si es fina, será bonito, pero difícilmente tendrá buena puntuación.

Respecto a la edad de lo que tiramos en el campo, podemos diferenciar tres clases de corzos:

Los machos de primer año, que son fácilmente diferenciables en este mes de abril porque todavía tienen sus cuernas en terciopelo o recién mudada a finales de mes. Además, presentan cuellos muy finos y son realmente ingenuos en su actitud ante los cazadores.

Luego podemos diferenciar los machos de segunda cabeza sobre todo por las hechuras del cuerpo que sigue siendo fino y con ligereza. Suelen tener cuernas ya completas pero finas en su primer tercio y en general claras de color. Y por último tendremos los machos adultos que serán los que presenten unos cuerpos ya macizos y con cuellos de cierto grosor. A veces presentarán buenas cuernas y otras no tanto, pero es evidente su tamaño corpulento respecto al resto de machos. Dentro de esta última categoría, podemos inferir que un macho es de más edad cuanto más inclinadas tiene las rosetas, siendo una característica de los viejos que las tengan en forma de tejadillo. No siempre es así, pero en general este carácter es muy significativo de la mayor edad de un corzo.

¡Desde HUNTY os deseamos toda la suerte del mundo!

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